Taller de Inclusión

Durante un par de meses, cada sábado por la mañana, transité pasillos y salas de la imponente, por antigua y espléndida, Biblioteca de la Asociación Empleados de Comercio, en la ciudad de Rosario.
Alli, se daba cita un grupo de gente cuya propuesta podría haber parecido altruista, pero imposible. Desarrollar, por medio de diversas técnicas artísticas, una actividad que les proporcionara una preaparación a futuro y una salida laboral a personas con diferentes discapacidades, físicas y psíquicas.
El objetivo final, era fabricar bolsas ecológicas para reemplazar las plásticas en la proveeduría de la institución. Asi, quienes asistían al taller, aprenderían técnicas de dibujo y pintura, para decorar esas bolsas que luego serían vendidas al público, buscando también, generar una cultura de cuidado del medio ambiente.
Con el germen de ésta idea, una artista plástica, una docente especializada en discapacidad y  un grupo de colaboradores del establecimiento, se pusieron el proyecto en las espaldas, para dar a luz al Taller de Inclusión.
Compartí un tiempo con ellos, los vi crecer, establecer relaciones, entablar amistades, reirse, enojarse. Los observé experimentar, crear, emocionarse con el descubrimiento del propio talento y los resultados del esfuerzo colectivo.
Algunos, casi siempre buscaron esconderse de la cámara, o otros  eligieron ignorarla, mientras que, muchos dieron rienda suelta a la curiosidad e intentaron seducirla. Fianlmente, la aceptaron, y con ella, a mi, como alguien más, con sus propias diferencias y discapacidades.
En el medio de este proceso, todos, cada uno a su manera, comprendimos que los que nos iguala es aquello que nos diferencia.
Este trabajo es fruto de aquellos días. El taller, a día de hoy, continúa creciendo.

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