Nostalgia de La Boca

La Boca, un mediodía cualquiera“Caminito que entonces estabas
bordeado de flores y juncos en flor,
una sombra ya pronto serás
una sombra lo mismo que yo”

Caminito (tango)
Gabino Coria Peñaloza/Juan de Dios Filiberto

 

 

 

Algunos retornos debieran, a toda costa, evitarse.La Boca, un mediodía cualquiera
 Me digo esto tratando de abrirme paso a través de la homogénea marea de turistas que hormiguea a ritmo sostenido, sin prisa y sin pausa, por Caminito.
Este es, sin duda, un retorno innecesario. Lo que sea que encontré aquí, lo que me enamoró de estas calles en aquellos años, ya no existe.
La Boca, un mediodía cualquieraSólo ha quedado la carcaza. La Boca se ha convertido en una suerte de maqueta frívola, casi hostil. Todo está calculado, de manera un tanto feroz.
Dos paso a un lado, tres al otro, pero no puede evitarse el permanente asalto de voces algo chillonas, que con forzada simpatía te invitan a comprar todo lo que se ve. Todo puede ser vendido.
Máscaras, con las bocas curvadas en tono de sonrisa. Múltiples prestidigitadores, desplegando naipes marcados para vender a precios exuberantes el bife de chorizo.
La mercantilización del todo. El largo, fiero, insaciable brazo del mercado se consume, en un abrazo de oso, todo lo que de genuino guardaran estas calles.
Ya nada es lo que era, solía decir mi abuelo, dos o tres veces por día, cada día. Repito, involuntariamente, ese mantra.
Muchos años atrás, cuando por primera vez estuve en tierra xeneize, todo parecía moverse a un ritmo distinto. Me pregunto ahora si no serán cosas mías, sensaciones de una memoria selectiva, que guarda lo que prefiere recordar…La Boca, un mediodía cualquiera  Pero podría jurar que eran otros aires… aún podía intuirse a Quinquela, o a Juan de Dios en “La Curva”. Uno podía presentir lo que de sí habían dejado el maestro Lazzari, y Fortunato Lacamera. Y al dar la vuelta por Necochea, rememorar la chapa con la que Alfredo Palacios anunciaba “se atiende gratis a los pobres”
No encuentro nada, no logro hallar ni las migajas de esa encanto, estudiadamente derruido y colorinche. Sólo un gran mercado persa, sin la gracia propia que estos detentan, que inunda groseramente Caminito, Garibaldi, Magallanes… sin piedad, sin miramientos.
Cada foto es posada, y se cobra a altos precios, la bohemia, sobreactuada…La tanguera
Un universo superpoblado y perfecto, que se desmorona ni bien la uña rasca un poco la pintura.
Me cruzo con la tanguera,quien, extremadamente bella y molesta,
me reclama la osadía de robarle una foto sin pagar.
Me resigno y bajo la cámara.
Y camino, esquivando mimos, guitarristas, vendedores, promotores de restaurantes, sonidistas, turistas, pintores, y más turistas.
Me mezclo en los puestos de artesanías, converso con los puesteros. Me gusta ese intercambio, Lo disfruto. Pregunto. Disparo. Vuelvo a preguntar.
Me inclino sobre una maravillosa cartera de cuero, color suela. Absolutamente seducida, recorro con mis dedos los fileteados labrados con esmero, que se ciernen sobre una hebilla de algún metal cobrizo, estilo antigüo.
La miro, la toco y la vuelvo a mirar, disfrutando el olor del cuero.
-Que belleza!- exclamo. Me dirijo a quien, supongo, es su creador- Es realmente preciosa! Me encanta!.
El tipo me mira sin verme: -Si te gusta tanto, comprala- gruñe. Da media vuelta y se va.
Suspiro.
Ya nada es lo que era… y me invade la nostalgia.

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